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¿Debe legalizarse la prostitución?

  • Posted on December 30, 2009 at 7:14 pm

Algunos grupos de mujeres consideran que las prostitutas son víctimas, pero para otros son “trabajadoras sexuales” con plenos derechos.

Según la International Sex and Red-Light Guide (Guía Internacional del Sexo y la Prostitución), “desde que los chinos sentenciaron que ‘quien consigue la riqueza consigue la gloria’, las mujeres sin familia, inteligencia o fortuna han utilizado el único medio de que disponían para ganar dinero rápidamente. Una habitación, una cama, una provisión de preservativos, una luz roja… y ya está el burdel montado. A 30 dólares por cliente, estas muchachas pueden ganar mucho más que trabajando en una fábrica por 4 dólares diarios, como suele suceder en casi todos los países subdesarrollados.”
Esta guía, que cuesta 30 dólares en Estados Unidos, añade que cada uno debe sacar el mayor beneficio posible de esta actividad comercial. Según sus autores, la prostitución es un negocio cuyo único principio es el de obtener lo más posible por la suma que se paga. “Si una mujer elige utilizar su cuerpo de este modo, en lugar de dejarse explotar como una esclava por empleadores de miseria, y si hay hombres dispuestos a pagar mejor que esos explotadores, no hay nada que objetar. Después de todo, no se trata de nuestro cuerpo ni de nuestro dinero, así que tampoco es asunto nuestro. Pero mientras no se arregle la situación económica mundial y el problema de la superpoblación, alguien tendrá que pagar la cuenta.”
Pero, ¿quién? ¿Los más pobres, los más vulnerables? No se puede negar que la industria del sexo ha adquirido dimensiones internacionales y que en muchos países, sobre todo de Asia, es un motor de la economía. La ironía está en que la prostitución no es del todo legal. Y su legalización, ¿reduciría algunas de las desigualdades y los abusos de que son víctimas las prostitutas? ¿O, al legitimarla, se anularía la labor de varios decenios para mejorar la condición femenina? Acompañantes mujeres

El eterno debate
A primera vista, estas preguntas parecen un refrito de un debate eterno, pero no lo son. La cuestión no se plantea ya en términos de moralidad, el dilema es si la prostitución es una forma de explotación que debe ser abolida o una profesión que hay que reglamentar.
Frente a esta polémica las agrupaciones de mujeres del mundo entero aparecen divididas en dos bandos: las que quieren erradicar la prostitución —como la Coalición no gubernamental contra la Trata de Mujeres—, y los grupos, radicados principalmente en el Reino Unido, los Países Bajos y Estados Unidos, que consideran a las prostitutas “trabajadoras del sexo” y defienden sus derechos. La hostilidad entre unos y otros es considerable. Por ejemplo, la Coalición acusa a los partidarios de reconocer los derechos de las prostitutas de representar los intereses de ‘chulos y proxenetas’. Y éstos responden afirmando que las abolicionistas permanecen encerradas en la torre de marfil de un feminismo académico, ajeno a la realidad que viven las prostitutas.
La línea divisoria entre los dos campos es la distinción entre la prostitución “libre” y la prostitución “forzada”. En general, las abolicionistas sostienen que la gran mayoría de esas mujeres son obligadas a ejercer la prostitución, y las trabajadoras del sexo replican que las cosas no son forzosamente así. En lo que unas y otras coinciden, aunque por distintas razones, es en que esta distinción simplifica excesivamente el problema. Es evidente que una niña nepalí de 12 años vendida a un prostíbulo de la India infestado por el sida no ha dado su consentimiento a esta forma de esclavitud. La drogadicta neoyorquina que tiene que hacer su cupo de clientes para que un proxeneta le administre la dosis que necesita tampoco es libre de tomar ninguna decisión. Pero, ¿qué sucede con la ucraniana que se queda sin empleo y decide irse a trabajar de camarera a Alemania pero termina en un burdel?
Para la Coalición, “las distinciones entre prostitución libre y forzada encubren las decisivas condiciones estructurales socioeconómicas —pobreza, marginación, falta de oportunidades y abuso sexual previo— que suelen llevar a las mujeres y las niñas a prostituirse”, según afirma Aurora Javate de Dios, de la filial de Asia y el Pacífico. “La crisis económica, las catástrofes naturales, la agitación política y las situaciones conflictivas convierten a mujeres y niñas en presa fácil de los traficantes y proxenetas. Este fenómeno se observa en todas partes, pero sobre todo en los países del Sur.” Javate de Dios estima que las leyes orientadas a establecer una distinción entre prostitución libre y forzada no tendrán nunca en cuenta la complicada dinámica de esas situaciones. Pueden tal vez hacer identificar las formas más extremas de coacción, pero ignoran las consecuencias de la pobreza y legitiman implícitamente las relaciones patriarcales.
En el bando opuesto, la línea de separación entre prostitución libre y forzada tampoco representa gran cosa. Lin Chew, ex portavoz de la Fundación contra la Trata de Mujeres, una
ONG de trabajadoras del sexo con sede en los Países Bajos, se pregunta: “¿cuándo toma alguien decisiones libremente, sobre todo en el mercado laboral? ¿Acaso un hombre que trabaja en una fábrica de productos químicos por un salario que nunca le permitirá salir de la pobreza ha elegido esa forma de vida? Y, ¿qué pasa con las mujeres que debido a su origen social nunca podrán desarrollar sus competencias? ¿Por qué el principio de la libre elección habría de aplicarse sólo a la prostitución?”
Ahora bien, hay un punto en el que ambos campos están de acuerdo: la despenalización. Es hora de revocar las leyes que han servido para castigar a las prostitutas en aras de la protección de la decencia y el orden públicos. Pero a partir de aquí vuelven a surgir las divergencias. Para los grupos abolicionistas como la Coalición, las mujeres son víctimas, pero todos los que se aprovechan de su explotación merecen ser castigados. Sin embargo, para los grupos que defienden los derechos de las prostitutas, no se puede ayudar a las trabajadoras del sexo si se condena a sus empleadores a la clandestinidad. En cambio es posible tratar de mejorar su situación, garantizando a esas trabajadoras un trato justo y protección frente a los riesgos profesionales. Este es, seguramente, el último capítulo del debate: el papel del Estado.
En este tema los grupos que abogan por los derechos de las prostitutas presentan divisiones internas. Unos defienden la despenalización completa, es decir, sin reglamentación ninguna, y otros militan a favor de una legalización controlada. Con ella, se instaurarían por ejemplo controles sanitarios, zonas de prostitución libre alejadas de los barrios residenciales, y, en suma, cobertura social para las profesionales con todo lo que ello implica: pagar impuestos sobre la renta, pero también tener derecho a seguridad social y jubilación.
En teoría, la finalidad de todas estas normas es proteger a las prostitutas, pero para algunos grupos como
COYOTE, partidario de la legalización total y radicado en Estados Unidos, algunas de ellas surten el efecto contrario. Según un informe de COYOTE, los burdeles regentados por el gobierno “serían la peor pesadilla de una prostituta, sobre todo cuando hay ya tantos antecedentes de abusos por parte de la policía”.
En cuanto a los permisos, “no contribuyen para nada a garantizar la seguridad del cliente ni de la prostituta. Esto no quiere decir que las mujeres no deban someterse a reconocimientos médicos frecuentes. Deben hacerlo”, afirma
COYOTE, aludiendo a las quejas según las cuales las mujeres son tratadas como ganado por los inspectores sanitarios en locales mal equipados. “Al igual que un restaurante pierde su reputación si la comida que sirve no está en buenas condiciones, la libertad de mercado regulará la situación sanitaria de las mujeres trabajadoras.”
Para la Coalición contra la Trata de Mujeres, el debate sobre el papel del Estado no es más que un medio de eludir los verdaderos problemas. La denominación de “trabajadoras del sexo” no dignifica a la mujer en cuestión, sino a los chulos, proxenetas y traficantes. Según Janice Raymond, afiliada también a la Coalición, “lo que las mujeres prostituidas tienen que soportar en su ‘trabajo’ equivale a lo que en otros contextos correspondería a la definición aceptada de acoso y abuso sexual. ¿El hecho de que se pague una cantidad de dinero transforma ese abuso en un ‘empleo’ al que se da el nombre de ‘trabajo sexual comercial’?”

Cursos de prostitución
Raymond hace alusión a los cursos de pago que existen en los Países Bajos para aprender a hacer ese trabajo sexual y que abarcan todos sus aspectos, desde cómo comportarse en los bares hasta la información sobre impuestos. “¿Qué persona en sus cabales animaría a una jovencita a “formarse” en esa actividad comercial? ¿Por qué se presta tanta atención a fomentar el ‘comercio’ y no se hace nada para ayudar a las mujeres a salir de él?”, se pregunta. “Porque es mucho más fácil creer que esas mujeres son prostitutas por eleccción… Pero si ha de plantearse la cuestión de la elección, planteémosla a los clientes: ¿por qué hay hombres que eligen comprar los cuerpos de millones de mujeres, llamar sexo a esa operación y, aparentemente, disfrutar con ello?”

FUENTE: unesco.org

El sexo no entiende de crisis

  • Posted on December 30, 2009 at 1:04 pm

El sexo no entiende de crisis

La crisis no ha hecho mella en la actitud de los españoles ante el sexo. La inmensa mayoría de la población –el 88% de los hombres y el 84% de las mujeres dice sentirse muy o bastante satisfecho con su vida sexual, entendida ésta en su sentido amplio y no sólo como el coito, aunque a los varones les gustaría tener relaciones sexuales con más frecuencia. Entre los motivos por los que la gente mantiene relaciones sexuales, “amar y ser amado” es el mayoritario, en especial para las mujeres -45,5% frente al 32% de los hombres“. Así se desprende de la primera Encuesta Nacional sobre Salud Sexual elaborada por el Ministerio de Sanidad y Política Social.

El Observatorio de Salud de la Mujer (OSM), en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), ha llevado a cabo este trabajo mediante cerca de 10.000 entrevistas personales a personas mayores de 16 años repartidas por casi 800 municipios de toda España.

La encuesta desvela que más del 80% de los encuestados opina que la sexualidad “es necesaria para el equilibrio personal de los individuos“. Esta opinión es ampliamente respaldada tanto por hombres (87%) como por mujeres (78%), especialmente en el tramo de edad que va de los 25 a los 54 años.

Este resultado resalta la idea de que la sexualidad es considerada por la población general como un aspecto central de la vida. En este sentido, el 77% de los hombres manifiesta que la sexualidad es muy o bastante importante en su vida, sobre todo entre los 25 y los 54 años, y lo mismo opina el 62% de las mujeres. Mujeres Escorts

Según el trabajo de campo, el preservativo es el método más empleado -90% de las personas consultadas– para prevenir embarazos e infecciones de transmisión sexual (ITS), tanto en las parejas estables como en las ocasionales. Aunque en las parejas estables su uso es más frecuente para prevenir embarazos que ITS. No obstante, llama la atención que en el caso de las parejas ocasionales, el 22% de los hombres y el 19% de las mujeres dice no haber utilizado método alguno para prevenir infecciones como el VIH o la hepatitis. Protección e inicio de las relaciones

En el caso de las parejas estables, algo menos del 70% de los jóvenes refiere utilizar siempre protección para evitar un embarazo y alrededor de un 7% nunca la utiliza. Además, menos del 2% de las jóvenes manifiesta usar la anticoncepción de urgencia. Asimismo, cerca del 40% del total de los encuestados señala que no usó ningún tipo de protección en su primera relación sexual para prevenir un embarazo. El 25% de los que no utilizó método alguno lo hizo por no ser necesario debido al tipo de práctica.

Sobre el inicio de las relaciones sexuales, la encuesta revela que, globalmente, los hombres inician sus relaciones (entendidas éstas más allá del coito) más temprano que las mujeres. Así, la edad media para los varones se sitúa entre los 17-18 años, seguido del tramo de edad entre los 15 y 16 años. En el caso de las mujeres, también se inician mayoritariamente entre los 17 y 18 años, aunque la segunda edad de inicio es más tardía que en los hombres: entre los 21 y 25 años.

Cuando se observa el inicio de las relaciones en las diferentes generaciones, se aprecia cómo la edad de inicio se ha ido adelantando, especialmente en las mujeres, siendo en el grupo de los más jóvenes donde las semejanzas son mayores entre chicos y chicas (casi el 100% inician sus relaciones sexuales antes de los 20 años en ambos sexos). Por el contrario, en el grupo de las mujeres mayores de 65 años, más del 60% comenzaron sus relaciones después de los 20 años.

Sin embargo, hay diferencias significativas entre hombres y mujeres en el inicio de las relaciones sexuales con una pareja estable u ocasional. Mientras que en el 85,6% de las mujeres sus primeras relaciones son con su pareja estable, ese porcentaje sólo es del 46% en los hombres. Estos datos, arguye Sanidad, parecen indicar que persiste un modelo en el que las chicas ponen mayor carga emocional que los chicos. De forma mayoritaria, las primeras relaciones sexuales en 72% de los hombres considera que es buena o muy buena, así como el 68% de las mujeres. Escorts Maduras

Después de las madres y padres, la fuente de información preferida por los encuestados es el profesorado en el colegio, y a continuación sitúan al personal sanitario y a las amistades. Las mujeres demandan más información que los hombres en líneas generales. A la pregunta sobre de qué temas les hubiera gustado recibir más información, el 62% de las mujeres señala en primer lugar los métodos anticonceptivos, así como el 53% de los hombres que, sin embargo, colocan en primer lugar la información para prevenir infecciones de transmisión sexual (56%).

Un 25% de las mujeres y los hombres se han sentido alguna vez preocupados por su vida sex
ual, pero se diferencian en los motivos de preocupación. Los hombres señalan la falta de pareja y de experiencia sexual, mientras que para las mujeres son la pérdida de deseo sexual, la falta de experiencia y el miedo al embarazo. Del total de personas encuestadas que han declarado buscar ayuda para resolver sus problemas sexuales (450 hombres y 622 mujeres), la mayoría (alrededor del 60%) ha recurrido a los profesionales, principalmente de la sanidad pública.

FUENTE: hoymujer.com

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